En el enves de una duda, un jiron de realidad. Trozo de vacío que llena el espacio que aun quedaba. Un abrigo de frío. Puedes acariciarme los ojos con ese cuchillo oxidado. Verme la mirada partida y olvidar la carta que no quisiste escribir. Que no quisiste pensar, sentir. Descorazonado, pelado de lo importante, ya solo queda un gracias sin pronunciar. Un adiós ingrávido. La ciudad que me conforma, llena de gentes inmemoriadas, desmembradas, refiguradas por Bacon, alienadas de frontispicios agrietados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario